EL SER O NO SER DE UN ALMA DE ACANTILADO

22 Ago

Hace mucho tiempo que no escribo en mi blog y hoy me sale, que siempre ando concentrada en luchas que dejan poco tiempo para reflexiones que uno, de vez en cuando, debería pararse a hacer. Sí, eso de dedicarse tiempo a uno mismo, para auto-diagnosticarse y curarse las heridas, que las vamos acumulando en el alma y, a la larga, terminan por pesar demasiado. Yo las curo contando, escribiendo aquí. Este fin de semana me he concedido esa licencia y he aparcado las luchas momentáneamente para dedicarme a mí, para analizar mi “por dentro” y verificar si los daños internos son o no reparables. He descubierto que lo son y que no he abandonado mi interior tanto como pensaba. Ahora sé que todo el esfuerzo vale la pena y que soy una amalgama de experiencias, influencias, aprendizajes, sensaciones, sentimientos, caídas, remontadas… Vida. La propia vida, pero vivida con la intensidad de querer exprimirle el jugo a cada minuto, poniendo el alma, el corazón y el cuerpo en cada cosa, por pequeña que sea, sin olvidar nunca de dónde vengo, a dónde voy y de qué estoy hecha. Y sembrar para que mis hijos recojan el testigo con la fortaleza y la rebeldía necesarias para ser honestos consigo mismos. Quiero contarlo hoy, porque bien valió la pena.

JuanjoSalió al escenario impecable en el auditorio de Ledesma, en Salamanca. Veinte escenas después, hizo mutis como si se hubiera caído a una piscina, pero igual de impecable o más, si cabe. Con la piel de gallina descubrí que los actores no siempre son personajes y que no debe haber papel más difícil que deshacerse en ser uno mismo en un escenario, recorriendo toda una vida a golpe de influencias, porque eso es lo que somos, al fin y al cabo. No sé por qué llaman monólogo a “El milagro de La Tierra”, si es una obra completa, aunque de un solo personaje en su propia retrospectiva, analizando su “ser o no ser”. Juanjo Artero en el papel de Juanjo Artero. Un viaje personal por toda una vida a través del Universo, la literatura, la filosofía, la astronomía, la política, la psicología… A través de recuerdos, personas, sensaciones y sentimientos, ilusiones, desengaños, frustraciones, preguntas y una búsqueda incansable de respuestas. La vida misma… “Los actores llevamos el Universo dentro, pero no lo sabemos”, dice. Todo su Universo concentrado en una sola frase, pronunciada por Lola Herrera destilando el amor maternal al desnudo, sin fisuras, enredando sus miedos en un mar de calma y ahogando sus amarguras en los besos del amor más puro, el único que tiene ese “algo eterno” indescriptible, el de la madre: “Juanjo, tienes alma de acantilado”…

Habla, canta, baila, ríe, llora, sueña, sube, baja, pesca, medita, imagina, se emociona, suda, se seca, bebe, siente… Y recita. ¡Ay Señor, cómo recita! Ahí es donde Juanjo es su esencia pura, la adquirida de sus propias ilusiones, de sus referentes, sus lecturas, comeduras de tarro y de los sabios consejos extraídos de autores eternos, cuyos mensajes no analizamos en conciencia, porque forman parte de nuestro aprendizaje autodidacta, que es al que menos solemos prestar atención. “Soy actor”, dice, pero, ante todo, es un ser humano que proclama la fortuna y la angustia de vivir. Un cúmulo de “Juanjos” que recorre desde antes del nacimiento hasta el qué habrá después de la muerte, de la mano de Rosalía de Castro, Fray Luis de León, Manrique, Quevedo, Cervantes, Calderón, Whitman, Sakespeare, entre otros. Que es Don Juan y también Doña Inés. Que también es Javi, Charlie, comisario o capitán de barco. Que es el bueno y es el malo, niño, joven rebelde, esposo, padre, hijo… Es actor, “uno de los dos oficios -junto al de escritor- que permite ser cien personajes”, pero que deja la huella de su propia esencia, la del amigo agradecido que pinta flores en un globo de látex que hace las veces de este planeta, que adolece de humanidad, de sinceridad y de autocrítica.

Mirada transparente que se enreda en los ojos de quienes ni pestañeamos. Lo juro, no pude ponerme en pie, me temblaban las piernas de haberme visto reflejada en sus propias preguntas, en sus temores, en sus esperanzas. Pienso que él disfruta como nunca haciendo esta obra, pero ni imagina lo que transmite, lo que irradia que nos seca de emociones, porque salen todas a golpe de cada escena. Hay que verla. “El milagro de La Tierra”, guión de Juan Asperilla sobre la base de una larga conversación con un Juanjo ansioso de contarse en su proyecto más personal, a quien Toni, Lola, Laila y muchos más no quisieron dejar solo en esta aventura. La vida, esta vida maldita y bendita, la de cada uno que se entrelaza con la de otros y viceversa. Vida, la que vivimos, a veces, a medias, a cuartos, a nadas. La que otras veces vivimos al mil por mil, sin usar apenas la razón impulsados sólo por el corazón. Por Dios, si es que somos eso, el coraje de sobrevivir a cada día, a cada hora si me apuras, en un Universo a veces irracional, inhumano, cobarde, mediocre, mezquino, hipócrita y vago.  Supervivientes de nuestra propia vida. Me dicen muchas veces que estoy loca de atar, puede ser, no digo que no… Pero bendita locura que me hace vivir como vivo, vivir hoy, vivir ahora, que luego siempre es destino y el destino ¡vete tú a saber! Porque esto somos, todo y nada. Vivamos, con la mirada al frente, la lucha a cuestas y la esperanza consciente, con las armas del conocimiento en una mano y el ansia de lo que falta por aprender en la otra.

Y no lo olvidéis, hay que verla con los cinco sentidos, porque “El milagro de La Tierra” no es una función, es una vivencia plena, un aprendizaje y toda una lección. Gracias, Juanjo, amigo, por contarte así y compartirlo.

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CUANDO EL ALMA PRECISA AIRE

20 Ene

Mi recuerdo a JC.
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Creí que se me había vaciado el alma. Su palidez extrema marcaba claramente el fin. Se me fue el pulso junto al suyo y, aliviada en realidad, aunque inundada en lágrimas quebradas, despedí a solas a mi amigo del alma con el ruego de su descanso y el agradecimiento por su paz. En una semioscura habitación de hospital, el silencio roto sólo por mi llanto y en mi mente en blanco extrañamente sonaba mi canción. Una de tantas, pero esa en concreto es una extraña simbiosis de sentimientos enfrentados, aparentemente sin sentido, que cobran vida por el arte del Maestro Antonio Vega, que dispara dardos que siempre encuentran un espacio para dar en la diana.

Los acordes imaginarios de una guitarra me abrían en canal con su voz recordándome que mi fragilidad era más que evidente y mi “lucha de gigantes” un combate entre quien debía ser en ese momento y quien soy en realidad. Él lo entendería. Mi amigo también. Este mago de la música tiene el don de desnudarme el alma y dejar al descubierto ante mí misma lo que a simple vista no se ve, incluso lo que ni yo misma sé que tengo o siento.
Aunque a veces no lo parezca, todos somos más fuertes de lo que pensamos. Hace poco a alguien le decía que con el corazón roto uno siente que la vida no tiene sentido, que muere. Pero aprendí que no es así, que la vida no se pierde cuando uno muere, la vida se pierde cuando no se vive, cuando no se lucha por lo que se cree o quiere, cuando no se ama en cuerpo y alma como si no hubiera más días, cuando no se ríe, cuando no se canta, cuando, simplemente, se deja pasar y se escapa. Despedí a mi amigo, que vivió su vida libre, como quiso y como supo, pero muy a medias. Él llenó muchas páginas de la mía, seguramente más ahora, porque me gano compartir su recuerdo y muchos nuevos con quienes tanto le querían.
Me falta el aire si lloro, no quiero llorar. Prefiero sonreír al pensar que le contaba historias en el hospital que le hacían olvidar su enfermedad y, con ellas, él encontraba esos espacios de luz que su alma necesita para respirar. Hablarle de mis luchas, de mis penas y alegrías, del orgullo de ser madre, de mis sueños, de mis errores y de mis planes… “Tú vives”, me decía. Me gustaba escucharle, aunque su voz a veces fuera un suspiro. Se emocionó un día al saber que unas noches atrás había estado cenando en un restaurante a la vuelta de la esquina, con mis amigos del colegio recién recuperados. Le contaba lo grande que es tener amigos de verdad, reir a carcajadas y descubrir que la memoria guarda con llave a buen recaudo lo que no quiere que olvidemos… Bueno, a veces, porque hay a quien no recuerdo y se lo contaba azorada, porque hay uno al que yo no reconozco ni en las fotos. Se rebotó conmigo, luego ría pícaro y sentenció: “Mira que eres huevona, ese no te hizo caso en el colegio y le borraste del anuario”. No puedo negar que me harté de reir y el jodío me hizo repasar al detalle aquellos años de amores frustrados. Pasó la tarde muerto de risa y yo también, que todo hay que decirlo.
Hay que ver lo que es la vida…. Y mira, que escribo eso y me sale automáticamente otra frase de uno de los componentes de esa Panda, que la repito sin darme cuenta desde hace 30 años sin olvidar que es suya… “Así es la vida, unos joden y otros miran”. ¿Tú te acuerdas de tu frase? Yo me acuerdo de más incluso. Pero hoy lamento más no encontrar por ningún sitio el dichoso álbum del viaje a Italia, por Dios, si ha dado más vueltas por mi casa que una peonza y no he podido mostrarle a mi amigo aquellos tiempos de descubrimientos que le confese a solas y se los llevó con él envueltos en un montón de buenos momentos compartidos con tanta complicidad.
Le hablé de un cuaderno con tapas de piel marrón -“como el bolso de Penelope”, recordaba él- que de veras guardé muchos años como oro en paño. Era el “Libro de los autógrafos” y a todos los compañeros de clase les pedí que me escribieran algo. ¿A dónde demonios se habrá ido ese libro? Sería increíble leer aquellos comentarios de entonces, los buenos, los malos, los de dos rombos y los de “para olvidar”.  Mi amigo sólo quería que lo encontrara y se lo leyera. “Será mejor que el Alatriste”, pensaba en alto…
Que sí, es cierto que duele hondo, pero reconforta que recordarle me llena de alma del calor de lo vivido y la ilusión de tanto que queda por vivir y que, seguro, no perderá detalle allá donde esté. Descansa en paz, amigo mio, que me guardo para mi el eco de tu risa y la suerte de poder hablarles a los de la Panda algún día de ti, de lo que hiciste por mi y de esa pregunta tuya que no supe responderte… “¿Quién fue el huevón que dijo que los amigos de verdad se cuentan con los dedos de una mano?”…
Te regalo la foto del último rayo de Sol antes de entrar a verte, tan bonito y tú vas y te me mueres… Pero te quedas para siempre.

VÁLVULA DE ESCAPE

26 Oct
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©Mystic

Me pregunto si finalmente será bueno o será malo que se universalice la conexión a internet en los campamentos saharauis de Tinduf, en Argelia. Es evidente que el hecho de que fluya información y que los saharauis puedan recibir información sobre las distintas posturas y versiones que circulan en la red respecto a su causa, a su pueblo, al Frente Polisario y a todo cuanto les rodea, puede que tenga inconvenientes. En realidad esto, por un lado, podría ser el fin de la monopolización del discurso político del Frente Polisario y quizá surjan opiniones discrepantes, una nueva ola de disidentes a los que difícilmente se podrá callar, porque la conexión también les permite opinar, contar y difundir informaciones desde dentro de los propios campamentos, en tiempo real. Éste también es su derecho, hacer uso de su libertad de opinión, de pensamiento, de expresión y de prensa.

Por otro lado, cierto es que hay críticos que consideran que la instalación del tendido eléctrico y la conexión a internet son infraestructuras estables, que dejan atrás aquella concepción de que la permanencia en los campamentos era una cuestión provisional. Voces de personas que han envejecido soñando con volver a su tierra, que ven crecer a sus nietos entre las mismas piedras en las que crecieron sus hijos, pero donde nada cambia, ni siquiera esa ilusión, y que, cuando lo hace, resulta que es sólo para materializar la perpetuidad de los campamentos.

Total, que este avance hacia la “modernidad” podría resultar altamente conflictivo internamente. Sin embargo, yo me alegro de que fluya información, especialmente por las mujeres retenidas contra su voluntad por sus familias biológicas. Contactar con ellas es un alivio, para sus familias, sus amigos y, sobre todo, para ellas. Se sorprenden de ver que se habla de ellas, que se explica su situación, que se las trata de entender y que luchamos por su libertad. Se van revelando secretos que acaban con los tabúes, porque la comunicación acorta las distancias y acerca el conocimiento mutuo.

No todas tienen acceso a conexión, algunas ni siquiera al teléfono móvil. La mayoría tiene que esconderse o fingir estar hablando con otra persona, borrar historiales y disimular. Realmente, no sé cómo decir cuánto me frustra imaginarlas todo el día fingiendo para disminuir el daño. Eso creen ellas… Porque el poso que deja la falta de libertad, la coacción permanente y el constante disimulo de sentimientos nadie lo computa, ni siquiera ellas, pero sí que hay secuelas, claro que las hay. Sólo hay que mirar, en esas fotos que mandan, la profundidad de sus ojos, en esas miradas tristes que no pueden esconderse tras sonrisas forzadas, donde la soledad y la impotencia se les empapa de lágrimas. A quienes las conocen bien, no pueden engañarles. Sus miradas son flechas envenenadas para corazones que sufren su ausencia y se acuestan en desasosiego por ellas.

¿De verdad que no ven cuánto dolor innecesario se genera por defender una “tradición” que viola los Derechos Humanos y pone en cuestión los principios de un movimiento de liberación nacional, que se reviste así de hipocresía y cinismo? Me gustaría ver a todas estas jóvenes saharauis que ponen los pies en España -y no quieren regresar a los campamentos ni atadas- defendiendo a las que no han tenido tanta suerte, dando a conocer la realidad de la que huyen y llenándose el pecho de aire fresco y libre para recordar que hay muchas que viven privadas de su libertad, sin derechos y a merced de las decisiones de otros.

Pero se lo digo y, encima, se mosquean… Sí, de verdad, que les digo que echo de menos la participación de los saharauis que viven en España en los actos en favor del Sahara, que ésta es su lucha, que ésta es su causa, que dónde se meten cuando de verdad deben apoyar y salen con excusas. Todos y todas están muy ocupados… Ofreceles pagarles y verás qué pronto se desocupan. Me enferma, se nota. Y, sobre todo, porque me parece el colmo del cinismo, pero a ver quién es el guapo o la guapa que lo niega.

Es que ya está bien de tanta fachada y de tan poca empatía. ¿Cuántos familiares directos de Darya, Nahjiba, Koria, Fatimetu, Maloma, Naima, Hurria, etc hay en España? Muchos. Pero muchos, muchos. ¿A cuántos hemos oído salir en su defensa? A ninguno… Lo más grande del caso es que en privado cuentan al detalle sus miedos, conocen a otras chicas en la misma situación y, como tienen miedo, callan. Pero ¿miedo a qué, si ellas están aquí? Muy simple, temen que se etiquete a su familia, que se les cuente que su hija dice esto o aquello, ya sabéis, la dignidad, el honor, hablar de los demás pero no ser quien está en boca de todos. Vigilantes y vigilados permanentes, qué triste ¿no? Y claro, también temen que se les cuelgue a ellas el temido cartel de “vendido” o “traidor”, ese del que no nos salvamos ninguno de los que sacamos a relucir los temas “espinosos”.

Internet puede que sea toda una revolución real en los campamentos, si finalmente no ven la conexión como una amenaza más, porque, de ser así, Argelia incrementará las tarifas y las limitaciones y se acabó lo bueno. ¿Cómo afectará la conexión a internet en los hogares a la lucha por la libertad de las mujeres retenidas contra su voluntad en los campamentos? Por ahora, es una válvula de escape momentáneo para muchas mujeres retenidas, que encuentran al otro lado el consuelo que les falta. Con eso, de momento, empezamos a poner las piedras en el puente a su libertad. Ojala, paulatinamente, entren en razón los que amparan con su silencio o defienden y justifican en tradiciones obsoletas esta violación de Derechos Humanos.

¿POR QUÉ EXTERIORES NO REPATRIA A MALOMA?

22 Ago
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Hace 4 años el ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, se descolgó con un anuncio sorpresa que puso en entredicho la imagen de la seguridad en los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf (Argelia). Se avecinaba la intervención militar francesa en Mali y decidió evacuar «voluntariamente» a todos los cooperantes españoles residentes en los campos saharauis, salvo a 1 que decidió quedarse. Por aquella decisión el movimiento de solidaridad con el Sahara reventó en muestras de indignación, así como el Gobierno saharaui, ejercido por el Frente Polisario, lamentaba el desprestigio a nivel internacional que esta decisión podría causar al pueblo saharaui, en un momento de máxima lucha antiterrorista mundial. Por aquél entonces, García-Margallo justificó su decisión asegurando que «es nuestra obligación garantizar la seguridad de los ciudadanos españoles dentro y fuera de nuestras fronteras» y que «hay claros indicios de inminente peligro para todos ellos». Pocos días antes del anuncio, España celebraba la liberación de dos cooperantes que habían sido secuestrados en los campamentos saharauis en octubre de 2011. Tras 9 meses de cautiverio en Mali y previo pago de 8 millones de dólares al grupo salafista Movimiento Unicidad y Yihad en el África del Oeste (MUYAO), una rama deAl-Qaeda para el Magreb Islámico (AQMI),Ainhoa Fernández de Rincón y Enric Goynalons llegaban a Madrid libres.

En julio de 2014, The New York Timespublicó que el Gobierno Español había pagado entre 2009 y 2013 casi 9 millones de dólares a organizaciones vinculadas con Al-Qaeda, sin contar en esa cifra el rescate de Ainhoa Fernández y Enric Goynalons, que se supo mucho después de su liberación. 3,8 millones de dólares se abonaron para acabar con el secuestro de Albert Vilalta, Alicia Gámez y Roque Pascual, cooperantes de la organización barcelonesa Acción Solidaria, apresados en noviembre de 2009 en Mauritania y liberados en 2010. Otros 5 millones de dólares se emplearon en pagar rescates por Montserrat Serra y Blanca Thiebaut, cooperantes de Médicos Sin Fronterascapturadas en el campamento de refugiados de Dabaab (Kenia), por milicianos de Al Shabab en 2011.

Después de estos casos, ha habido otros ciudadanos españoles secuestrados, periodistas y fotógrafos, cuyos calvarios afortunadamente han concluido con un final feliz, presumiblemente también gracias al pago de rescates. Es evidente que el Gobierno, cuando tiene que actuar frente al secuestro de un español en el exterior, actúa. Sólo no lo hace en el caso de Maloma Morales de Matos, una joven española de origen saharaui que lleva 8 meses y medio secuestrada en los campamentos de refugiados de Tinduf. Concretamente desde el 12 de diciembre de 2015. Es cierto que no está retenida por un grupo terrorista, ni por milicianos de ninguna rama vinculada a Al-Qaeda, sino por su familia biológica, desde que fue secuestrada por su hermano mayor, Mohamed Lamine Takio Hamda, durante una visita que la joven les hizo en compañía de su padre adoptivo, Pepe Morales. Y fue él precisamente quien denunció el secuestro de Maloma. Primero a las autoridades saharauis, que dejaron el asunto en «una cuestión que se resuelve con paciencia y tiempo, porque hay algunas familias saharauis que son muy tradicionales». Después, ante la Guardia Civil y la Subdelegación del Gobierno de Andalucía, hasta llegar directamente a manos del Ministerio de Asuntos Exteriores, por tratarse de una ciudadana española de pleno derecho, pasando por la Delegación Saharaui en España y la Embajada de Argelia, país anfitrión de los campamentos de refugiados de Tinduf. Desde el 25 de diciembre de 2015 al 21 de abril de 2016, la familia española de Maloma no supo absolutamente nada de ella.

El ministro García-Margallo hacía declaraciones esporádicas ante las reiteradas preguntas de la Prensa, aludiendo a que se trata de un «asunto muy complejo y delicado que requiere prudencia» y aseguraba que Maloma «está perfectamente localizada y controlada», pero la familia española sólo sabía de ella que se encontraba retenida contra su voluntad, incomunicada y aislada en una zona de los territorios del Sahara Occidental controlados por el Frente Polisario. Hasta el propio Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, intervino e instó al entonces máximo responsable del Frente Polisario, Mohamed Abdelaziz, a que adoptase las medidas necesarias para devolver la libertad y sus derechos a Maloma Morales de Matos y a dos ciudadanas saharauis que llevan más de dos años retenidas contra su voluntad, Darya Embarec Selma y Nahjiba Mohamed Belkacem. Quizá fuera por esa promesa hecha por el fallecido Presidente saharaui a Ban Ki-moon que el Frente Polisario, el 21 de abril, llevó a cabo una intervención policial y rescató a Maloma. La noticia saltó a los medios con el titular «Maloma liberada».

Esa ha sido la única ocasión en que el ministro García-Margallo ha comparecido ante los medios para hacerse la foto con la familia de adopción de Maloma Morales y para explicar que desde Exteriores «se realizan gestiones al más alto nivel para trasladar al Frente Polisario el máximo interés de España por una solución rápida y favorable de la situación de la joven española». García-Margallo confiaba entonces en que la joven «recuperase su completa libertad de movimientos y pudiera regresar a España cuando lo desee».

Pero, al día siguiente de la «liberación», la tribu a la que pertenece la familia de Maloma alborotó los campamentos y presionó para que la sociedad saharaui no aceptara que las autoridades interfirieran en «asuntos familiares». Así llegó el jarro de agua fría. El Frente Polisario «devolvió» a Maloma a la familia que la secuestró y que la había mantenido hasta ese día retenida contra su voluntad alejada del mundo, sin que el Gobierno español abriera siquiera la boca en defensa de una ciudadana española, como tampoco lo ha hecho en ninguna de las innumerables acusaciones bárbaras hechas sobre la familia adoptiva española y sobre cuantos defienden que Maloma tiene derecho a recuperar su libertad y a elegir unilateral y libremente su propia vida. Pero pasan los meses y ella sólo ha logrado llamar dos veces. Habló con sus padres adoptivos, con su pareja y con varios amigos, que la encontraron coaccionada y limitada en sus expresiones de afectividad. El silencio gubernamental español, saharaui y argelino impera, mientras ella continúa retenida contra su voluntad y con sus derechos y libertades individuales conculcados, a pesar de haber expresado su deseo de volver a España hace unas semanas, en la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en Rabuni, sede administrativa de los campamentos.

¿Por qué el Gobierno español ha permitido que Maloma declarase en la sede de ACNUR y no ha impedido que, de nuevo, fuera entregada a la familia biológica que la mantiene privada de libertad desde hace 8 meses y medio? ¿Por qué no la trasladaron al aeropuerto para cumplir con su voluntad de regresar a Sevilla? ¿No piensa nadie en cómo puede sentirse Maloma al verse zarandeada de esa manera? ¿Qué es lo que está haciendo Exteriores en este caso? ¿Negocia un rescate? ¿O quizá algún tipo de acuerdo político para la solución al conflicto del Sahara? ¿Qué hay que negociar en realidad? Las voces saharauis que defienden lainacción del Frente Polisario y justifican el secuestro de Maloma, al tiempo que no paran de insistir en que Maloma «jamás regresará a suelo español, a este país de sinvergüenzas y depravados donde los hombres asesinan a sus mujeres»; que Maloma «está feliz con su familia biológica, que es donde debe estar cumpliendo con su deber de cuidar a su madre»; o que «no entienden por qué nos preocupamos por una “saharaui” y no por todo un pueblo que España abandonó a su suerte en 1975»… ¿Qué tendrá que ver Maloma con los actos políticos del Gobierno español cuando ella aún ni había nacido?

Maloma Morales de Matos es española de pleno derecho, como las cooperantes liberadas tras las gestiones diplomáticas españolas. ¿O es que ahora la condición de española se categoriza? La obligación del Gobierno español, como recordaba García-Margallo, es «proteger a sus ciudadanos». Pues venga, ¿a qué esperan? Ya lleva 8 meses y medio retenida y esto, señores del Gobierno, no se soluciona con un «acuerdo entre familias». Es un secuestro y no debe haber más contemplaciones, que la vida de Maloma no es de nadie más que de ella misma.

EXTENSIONES DE UN SECUESTRO

7 Ago
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© Mystic

La problemática de las mujeres retenidas contra su voluntad en los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf (Argelia) es una realidad salpicada de errores, intereses y tergiversaciones, que a nadie le interesa que salga a la luz en toda su extensión, excepto a unas cuantas familias de acogida españolas que se han unido al hilo del caso de Maloma Morales de Matos, joven de origen saharaui nacionalizada española que lleva ya casi 8 meses secuestrada en los dominios del Frente Polisario en territorio argelino. Son esas familias las que sacan la cara por la defensa de los Derechos Humanos de unas mujeres ya adultas que se encuentran privadas de libertad, a quienes acogieron siendo niñas, a las que han criado, educado, mantenido, cuidado y querido durante años como si de sus propias hijas se tratara, luchando en solitario contra una burocracia que se antoja clasista. En definitiva, les dieron a aquellas niñas una oportunidad que, de otra manera, simplemente no hubieran tenido. Y sus familias biológicas estaban de acuerdo, porque querían para ellas un futuro mejor.

El caso de Maloma ha suscitado mil polémicas, que se generalizan o se individualizan a conveniencia, olvidando que lo principal de esta denuncia es que hay muchas mujeres saharauis retenidas contra su voluntad por sus familias biológicas al amparo de una tradición tribal y discriminatoria, que conculca sus derechos. Se han desplegado todos los prejuicios habidos y por haber, así como se mezclan conceptos en intentos infructuosos por desviar la atención del epicentro, que no es otro que una lucha para que todas las retenidas contra su voluntad recuperen sus derechos y sus libertades para poder decidir libremente su futuro. Seamos francos, son muchos los que ya reconocen que están retenidas ilegalmente -algunas secuestradas por el uso de la fuerza-, que son muchas más de los casos que se conocen y que es una situación de vulnerabilidad que se ancla en una concepción social que entrelaza cultura, tradición y religión, que está tan arraigada que ni la propia ley logra defender los derechos de las mujeres retenidas. En las reuniones en «pettit comité» sí se reconoce que esta situación existe y que los padres son «dueños» de sus hijas, que son los únicos que pueden decidir por ellas, porque siempre serán «niñas» a las que no se les reconoce la mayoría de edad.

Como quieran ustedes verlo, justificarlo o entenderlo, pero sólo hay una realidad: Maloma, Koria, Darya, Nahjiba, Toufa, Fatimetu, Hurria, Issa, Naima y otras muchas no pueden elegir por dónde quieren conducir sus propias vidas, porque sus familias biológicas no las dejan. Privadas de libertad, a todas les quitaron el pasaporte, los documentos de extranjería y sus respectivos pasajes de avión para impedirles volver a España, como era y es su deseo, que se lo truncaron en una visita familiar en la que sus padres decidieron que su destino sería otro. Las cuatro primeras lo han dicho abiertamente. Las demás, lo dicen en privado, temerosas de represalias contra ellas o sus familias, si acaso las ponen en el punto de mira social.

Mientras unos cuantos saharauis reivindican públicamente el respeto a la cultura saharaui y a sus tradiciones, sin reconocer en absoluto que la retención de mujeres es una violación de los Derechos Humanos, y justifican estos secuestros y retenciones como «felices estancias compartidas con una familia que las quiere», otros (también saharauis) lanzan baterías de acusaciones no demostradas contra las familias de acogida, a quienes culpan de haber desarraigado a las niñas y, poco a poco, han elevado el tono hasta considerar que «han mantenido secuestradas en España a las menores para cubrir carencias emocionales derivadas de no tener hijos propios». Golpes bajos que denotan una ingratitud de consecuencias no medidas, aunque ahora ya esperada, por cuanto son coreadas por algunos abanderados de la mal llamada «causa saharaui», que debería llamarse «causa pro-Polisario», que es muy distinto. Todo ello para ocultar que esas mujeres, mayores de edad todas, están retenidas ilegalmente y no pueden ejercer sus derechos.

No se responden preguntas que caen de su peso. Por ejemplo, ¿por qué los padres biológicos no reclamaron a estas mujeres cuando aún eran niñas? ¿Por qué han mantenido una relación estrecha con los padres de acogida durante años, aceptando su ayuda y sus visitas, aunque no llevaban consigo a las menores? ¿Saben ustedes por qué esas niñas no pudieron viajar durante años o por qué algunas sí lo hicieron y han sido retenidas igualmente? ¿Privar de libertad a una persona por la fuerza y «negociar su libertad» acaso no es secuestro? ¿Quién otorga derecho a unos padres para conculcar los Derechos y las Libertades Individuales de una hija mayor de edad erigiéndose en sus propietarios? ¿Por qué no interviene el Frente Polisario para hacer cumplir la ley saharaui, que en varios artículos de la Constitución establece que nadie puede privar a otra persona de su libertad? Y ¿por qué Argelia no actúa siendo como es responsable de velar por los Derechos Humanos en su territorio? ¿Por qué el silencio del Frente Polisario, del Gobierno y los partidos políticos españoles, del movimiento solidario y de la mayoría del pueblo saharaui?

DD.HH. a la carta

La incongruencia de la actitud general ante esta situación roza ya la extravagancia. No es de recibo que se defiendan los Derechos Humanos a la carta, excluyendo de ella las violaciones que se comenten en los campamentos de refugiados saharauis y de cuya salvaguarda única y exclusivamente es responsable su Gobierno, el Frente Polisario, aunque no tenga suficiente autoridad para ejercerlo en una sociedad donde el tribalismo hace más de dos décadas que se impuso, retrotrayendo los principios de la revolución saharaui. En cualquier caso, las retenciones de mujeres contra su voluntad por sus familias biológicas son hechos constatados y son consecuencia de errores cometidos, aunque dichos fallos no sean óbice para que lo primero sea restituir sus derechos a todas las mujeres retenidas, devolverles sus documentaciones y posibilitar que libremente decidan dónde, cómo y con quién quieren vivir. Después, sería lo suyo hacer un exhaustivo examen de conciencia y solucionar de base los problemas, para evitar que esto continúe pasando, aunque eso ya sea un objetivo para nota.

Se debe tener en consideración que las acogidas permanentes suelen ocurrir cuando termina el proceso del programa «Vacaciones en Paz», es decir, cuando los niños y niñas saharauis ya saben que no van a poder viajar más a pasar los veranos con sus «padres españoles», porque han sobrepasado la edad y, de común acuerdo, sus dos familias deciden que permanezca en España para estudiar. No hay contratos ni documentos firmados entre las familias española y saharaui, sólo una autorización expresa a la de acogida por parte de la delegación del Frente Polisario de la comunidad autónoma o provincia correspondiente, en la que se especifica que, si el menor es reclamado por sus padres biológicos, deben volver inmediatamente, así como se establece el compromiso de que está terminantemente prohibido iniciar procedimientos de adopción. Un acuerdo verbal familiar que se formaliza supeditado a la autorización del Frente Polisario y bajo la supervisión de la asociación de amistad con el pueblo saharaui correspondiente.

Primer error: Cuando se permite que los menores saharauis se queden en España por motivos distintos a una cuestión médica no solucionable en los campamentos, se está incurriendo en un claro incumplimiento de la ley española.

Según lo dispuesto en el Reglamento de la Ley Orgánica 4/2000, de 11 de enero, en el que se determinan las instrucciones del procedimiento para autorizar la residencia temporal de los menores y la estancia de los monitores, de origen saharaui, que se desplazan a España en el marco del Programa «Vacaciones en Paz», las residencias temporales «no podrán ser prorrogadas una vez finalizado el mismo, debiendo retornar transcurrido el plazo previsto (visado máximo de 91 días). La entidad promotora deberá, en el plazo de quince días, notificar a la Brigada Provincial de Extranjería y Fronteras de la Comisaría Provincial de Policía Nacional en donde tenga su domicilio, el retorno de los menores cuya venida haya promovido, así como informar de todos aquellos que no hubieren efectuado su salida en el plazo previsto». La misma ley establece que «excepcionalmente, en el caso de que durante la vigencia de la autorización de residencia temporal concedida un menor de origen saharaui haya comenzado a recibir asistencia sanitaria especializada para una enfermedad que la requiera y ésta sea de imposible continuación en su lugar de origen, se podrá prorrogar la autorización de residencia concedida por el tiempo necesario para finalizar dicha asistencia sanitaria. La solicitud de la prórroga excepcional se realizará a petición de la entidad responsable del desplazamiento, debiendo aportar el informe clínico que acredite la necesidad de tratamiento y la previsión de su duración y la autorización de quien ejerza la patria potestad o tutela del menor, prestando su consentimiento expreso a la prórroga de su permanencia en España para finalizar la asistencia sanitaria que precise».

Por lo tanto, no existe posibilidad legal de que los menores se queden con la excusa de que «es mejor para ellos». Y esto, el Frente Polisario, las autoridades y las asociaciones españolas, los padres biológicos y los de acogida, lo saben perfectamente. Y, aun así, todos consienten y hacen la vista gorda para que los niños se queden en nuestro país ilegalmente.

Segundo error: Los menores saharauis, al no regresar al término del verano con el resto del grupo con el que llegaron, pierden la validez de su pasaporte colectivo y, por ende, la de su visado temporal. Es decir, quedan indocumentados. La regularización de su situación es costosa, en tiempo, trámites y dinero, aunque a unos les resulte más fácil que a otros obtener su nueva documentación, en virtud del «enchufe» que alguna de sus familias (española o saharaui) pueda tener con las autoridades del Frente Polisario y/o españolas. Sin embargo, todo el mundo sigue haciendo la vista gorda y, aun siendo ilegales en España, pueden acceder a nuestra sanidad, escolarizarse y vivir como si el hecho de no tener documentación fuera una mera anécdota… Pero no lo es. En estos casos, no se están protegiendo ni salvaguardando los Derechos de los menores saharauis, ni por parte del Frente Polisario ni por parte de España, en una evidente muestra de dejadez y descontrol que, al final, termina por acarrear peores consecuencias para esos niños y niñas que van creciendo con la imposibilidad de viajar a los campamentos a visitar a sus familias biológicas.

Tercer error: La separación de la familia biológica se conforma como excusa para hacer efectiva una «tradición» que les permite secuestrar a sus hijas en los viajes de visita a los campamentos, sin que nadie (ni Frente Polisario, ni asociaciones, ni sociedad saharaui) mueva un dedo por denunciarlo y evitarlo, porque «es normal».

El periodo de acogimiento permanente en España son años de muchas complicaciones, especialmente para esos menores, que deben adaptarse por completo a la vida en un mundo muy diferente, que sólo conocían por un par de meses compartido con una familia que, cada verano, se volcaba por hacerles felices en todo. Pero el día a día, la rutina de su mundo y la del nuestro, ya es harina de otro costal. Somos culturas diametralmente distintas. No puede nadie pretender que la integración del menor en una sociedad tan diferente de su entorno habitual conlleve una educación igual a la que recibiría en los campamentos. Si aceptan que vivan en España, que se críen y se formen aquí, también deben aceptar que las cosas no pueden ser como serían en los campamentos. Por eso, el sufrimiento provocado por la distancia no otorga a las familias biológicas derecho alguno para imponerles, siendo ya mayores de edad, reglas o convicciones sociales, religiosas y/o culturales que contravengan los derechos de sus hijas.

La lucha emprendida por esas familias de acogida españolas ha permitido que se haya demostrado que el de Maloma no es un «caso aislado», sino que son muchas las mujeres retenidas contra su voluntad, con historias distintas y sus peculiaridades, pero con denominadores comunes en errores que no se subsanan. Es una situación grave, que atenta contra los derechos y las libertades de las mujeres y que no se puede seguir negando. Sin embargo, se va destapando la verdad y ya de nada servirán solucionar casos con «escapadas» de las chicas o «acuerdos entre familias», que sólo prolongan la situación porque esconden las responsabilidades y permiten seguir haciendo oídos sordos. Esta vez, ya no… Ojalá que tanto sufrimiento tenga un verdadero punto de inflexión.

MIOPÍA SORDA

20 Jul

Todo vino por una fotografía expuesta en el edificio Bomba de la Universidad de Cádiz, dentro de la muestra titulada «Perspectivas», en la que, probablemente, no repararon muchos de los asistentes a las «Jornadas sobre el Conflicto del Sahara: Perspectivas y realidades en el contexto internacional y europeo», organizadas por el Vicerrectorado de Responsabilidad Social, Extensión Cultural y Unidad de Acción y Solidaria. Tres días de conferencias y debates con distintos ponentes que enfrentaban entre sí la postura marroquí y la del Frente Polisario. En el hall principal estaba esa exposición fotográfica, abierta al público, pero casi siempre vacía, perdida en el espacio y con tanto que decir. Me acerqué y la visité enganchada a los mensajes que acompañaban a cada una de las 20 imágenes, de distintos autores y lugares, para dar a conocer la vulnerabilidad social de la población en contextos en desarrollo.

Una niña senegalense, apoyada de pie en el quicio de una puerta, miraba a su padre desde atrás, mientras él sin inmutarse leía su periódico. Los ojos de aquella pequeña le pedían atención, pero su invisibilidad era patente. «¿Me permitirás ser yo misma?» rezaba la cartela de la fotografía de Mercedes Díaz Rodríguez, que ganó este concurso universitario y fue elegida para el cartel principal. La imagen «Miopía social» de Mª Teresa Nogueroles Núñez tomada en la salida del metro de High Park en Nueva York, evidenciaba cómo los aspectos más negativos de la realidad social se hacen imperceptibles ante nuestros ojos y nos hacen mirar hacia otro lado para esquivar enfrentar que son problemas que existen, que requieren una solución, aunque esté obstaculizada por esa ausencia de afinidad y sintonía con la realidad que nos rodea.

Así es como salí de ese curso de verano, decepcionada y convencida de que la miopía social, que afecta a todas las partes del conflicto del Sahara Occidental, es la causa que mantiene un «status quo» que ya ha dejado de ser creíble. Personalmente (¿para qué negarlo?) llevaba en la cabeza mis dos luchas: Las mujeres retenidas contra su voluntad en los campamentos saharauis de Tinduf (Argelia) y el triángulo muro-minas-víctimas que me quita el sueño cada vez que se tiñe de sangre. También buscaba respuestas a por qué el Frente Polisario no quiere hacerse eco del clamor popular que le pide un cambio generacional, cuando es evidente la falta de empatía de los dirigentes con su pueblo. En estas jornadas se puso de manifiesto que esa desincronización puede venir provocada por un profundo desconocimiento de la realidad. No es lo que se cuenta en el frío discurso político del Frente Polisario, sino el conjunto de situaciones jurídico-políticas que envuelven el conflicto incorporando la perspectiva social y los sentimientos derivados del sufrimiento del pueblo saharaui.

discusion

Ambas partes han puesto sobre la mesa multitud de reproches en forma de ataques, con mayor o menor razón, pero cada punto dejaba al adversario sin respuesta y haciendo malabares de demagogia para tergiversar los hechos. La miopía no es una enfermedad, es un defecto visual que permite ver nítidos los objetos cercanos y borrosos los lejanos. Deficiencia que afecta también a los discursos políticos de Marruecos y del Frente Polisario. Desde Cádiz, parece que les quedaban demasiado lejos el territorio del Sahara Occidental y los campamentos de refugiados de Tinduf, porque sólo enfocaban la cara del «enemigo» sentados frente a frente.

 

Postura marroquí

Turno primero para el discurso marroquí, que se apoyaba en dos premisas. La primera, que la cuestión del Sahara Occidental es un asunto de integridad territorial sin discusión, porque el Sahara es marroquí. La segunda, la necesidad de hacer un desglose pormenorizado de situaciones para deslegitimar al Frente Polisario, a quien no consideran representante de la totalidad del pueblo saharaui. Así, bajo el paraguas de que la doctrina de la ONU respecto al Sahara Occidental no otorga soberanía alguna a Marruecos sobre el territorio que llaman «recuperado», la postura marroquí defiende que Naciones Unidas tampoco reconoce soberanía alguna del Frente Polisario sobre los denominados «territorios liberados», ni emplea términos como «RASD» o «pueblo saharaui». Lanzaban reproches a la organización de la Universidad por no contemplar en las jornadas la presencia de Argelia como parte integrante del conflicto, ya que aseguran que «el discurso del Polisario no defiende al pueblo, sino que obedece a los intereses estratégicos de Argelia y otros más exclusivos de la cúpula dirigente saharaui». Los ponentes marroquíes plantearon el Derecho a la Autodeterminación del pueblo saharaui como un «pensamiento inviable, porque conceptualmente es ajeno a una sociedad tribal», que no conoce y, por tanto, no puede aplicar a su sociedad terminología como Estado, soberanía, democracia, Derechos Humanos o libertades individuales… Denuncianban que la democracia en los campamentos es una utopía, empezando porque el Frente Polisario defiende que hay una población refugiada cercana a las 200.000 personas y, con algo menos de 1.800 votos (de 2.300 que han votado), han «elegido democráticamente» a un nuevo presidente, Brahim Ghali, quien, además, está imputado en graves delitos por la Audiencia Nacional de España.

No cayeron en saco roto las acusaciones marroquíes al Frente Polisario en materia de corrupción por desvío de ayudas humanitarias, ni las violaciones de DD.HH., por el mantenimiento de la celebración de juicios militares a civiles, encarcelamientos injustos, privación de derechos básicos a presos y prohibiciones como la libertad de asociación, de circulación y de expresión, así como por las distintas formas de violencia y discriminación a la mujer, entre ellas las retenciones ilegales contra su voluntad. Agotado el tiempo para réplicas y debate, quedó en el aire una pregunta lanzada en el último segundo de su tiempo: “Dígame, ¿dónde está Maloma?”.

 

Postura del Frente Polisario

La intervención de los representantes del Frente Polisario se apoyó en el reconocimiento del Sahara Occidental por parte de la ONU como territorio no autónomo pendiente de descolonización, cuyo pueblo tiene derecho a la autodeterminación a través de un referéndum, que está bloqueado por directriz del rey Mohamed VI. Así, el Frente Polisario acusaba a Marruecos de ser país ocupante desde la invasión militar de 1975, de imponer su ley a fuerza de represión política, impidiendo a los saharauis ejercer cualquier tipo de derecho, con despliegues de efectivos de una policía especializada en ejercer violencia física sobre los más débiles. El empleo de torturas, juicios militares, encarcelamiento de presos políticos que defienden la independencia del Sahara, la construcción de un «muro de la vergüenza» para establecer una frontera física en el territorio, el expolio de los recursos naturales y el bloqueo informativo centraron el discurso, que matizó que la RASD es miembro de la Unión Africana y su desarrollo es un proceso irreversible. «Hagamos un referéndum. Nosotros estamos dispuestos a aceptar el resultado. ¿Y ustedes?». La respuesta evidenció la imposibilidad de una solución a corto plazo: «No necesitamos preguntar, porque el Sahara es marroquí», aseguró Jamal Mechbal, ex diplomático marroquí.

Se defendían de los ataques marroquíes aludiendo a que 40 años es poco en la vida de un pueblo, pero mucho en la de cada saharaui. Aseguraban que, en esas cuatro décadas, el Frente Polisario ha sabido organizar y mentalizar a la sociedad sobre una nueva estructura, en la que fue determinante combatir la ideología imperante respecto al papel de la mujer saharaui. «Ha sido una batalla peor que la militar», afirmaba Abidin Bucharaya, representante del Frente Polisario en Andalucía, que insistía en que es innegable el papel de la mujer en el desarrollo de los campamentos y de esa nueva sociedad refugiada, que sin ella no habrían podido alcanzar un nivel de tolerancia y de progreso como el que tienen hoy en día, con una población que sobrevive de la ayuda humanitaria y del calor humano de la solidaridad.

Reconocía el delegado del Frente Polisario que ese empoderamiento de la mujer saharaui les había pasado factura con los países árabes, porque creen que la saharaui es una sociedad demasiado occidentalizada. Durante su intervención no hubo referencia alguna a las denuncias de desvío de ayuda humanitaria ni a las violaciones de los DD.HH. en los campamentos, aunque sí durante los debates. Ante preguntas directas sobre la situación de Maloma y de las demás mujeres mayores de edad retenidas contra su voluntad por sus familias biológicas y sobre la inacción del Frente Polisario sin autoridad ante el poder tribal, la respuesta fue una calamidad: «Habría que saber quién secuestró a quién. Tengo sobre mi mesa 11 casos de intentos de adopción ilegal de menores saharauis por familias españolas». Balones fuera para negar públicamente que existan retenciones y secuestros en los campamentos, que se reducen a momentos compartidos de hijas con sus familias, de quienes han estado alejadas muchos años, provocando su desarraigo. Él pedía entendimiento entre las familias española y saharaui. Le pedí esos 11 casos para denunciarlo también, porque igual de ilegal es una práctica como la otra. Sigo esperando…

Quedó aún peor la réplica a la acusación de corrupción por el desvío de ayuda humanitaria, que se justificó como una medida adoptada en base a que los donantes entregan determinados productos que no se ajustan a las necesidades ni a los gustos de los refugiados saharauis y, por ello, no se consumen. «Ese excedente se vende en otros mercados para comprar con el dinero obtenido otro tipo de productos más acordes…», respondió el delegado saharaui en Cádiz, Malainin Embarec. Las voces críticas, marroquíes y saharauis se sucedieron, señalando que «el Frente Polisario estrangula al pueblo saharaui con hambre», sin reconocer el desvío denunciado en un informe de la Oficina de la UE de Investigación contra el Fraude (OLAF) y, posteriormente, por otras organizaciones, así como por el diputado del Frente Polisario Dih Noucha, que, en ese momento, cumplía 14 días de protesta en la puerta del Ministerio de Equipamiento saharaui por la desviación de mercancías al mercado negro y la corrupción en la distribución de la ayuda humanitaria en los campamentos. No se reconoció que el Informe OLAF ha tenido ya consecuencias efectivas, como el recorte en 5 millones de euros de la ayuda humanitaria de la Unión Europea. Sin embargo, la UE no ha adoptado medidas respecto a los ajustes en la cesta de productos para evitar excedentes que faciliten prácticas corruptas, porque tampoco ha habido una petición del Frente Polisario al respecto, señalando de qué productos se trata.

 

Conclusiones

Reproches desde esta banda también para la Universidad, que no tuvo en cuenta que las réplicas y contra-réplicas entre las partes dejaron sin opción al debate, salvo rápidas preguntas y más rápidas respuestas. Las discusiones fueron constantes, como las interrupciones a los distintos oradores. Nervios, que ponían de manifiesto las reiteradas tergiversaciones de unos y otros. Ataques mutuos en los que siempre hubo un denominador común: La población civil. La conclusión fue demoledora, «no hay solución a corto ni medio plazo», porque tampoco hay puntos de inflexión de los que tirar para acercar posturas. No se vislumbra intención alguna de flexibilizar posicionamientos, ni disposición a hacer concesiones en base a que, tras 40 años, ninguna de las realidades que conforman este conflicto continúan como estaban en 1975. Y, lo peor, que el Derecho Internacional establece los marcos jurídicos de las situaciones de conflicto, pero no tienen carácter de aplicación efectiva sobre ellos, porque predominan intereses geopolíticos, estratégicos y económicos, que luego se plasman en las resoluciones de una ONU, compuesta por 193 países, que está sometida al «voto de veto» de 5 de ellos.

La sentencia del Tribunal de Justicia Europeo y el análisis del recurso interpuesto contra ella por el Consejo Europeo (que se resolverá el próximo 13 de septiembre) abrió la vía para el debate respecto a los recursos naturales del Sahara Occidental, tras declarar un ponente que tanto Marruecos como el Frente Polisario -ejerciendo el gobierno de la RASD- estaban cometiendo «actos de Estado» en ambas partes del territorio. Expuso que ambos han hecho prospecciones de recursos por zonas y han cuadriculado el mapa del territorio para desarrollar acciones con potenciales empresas interesadas en su explotación. La RASD, incluso, ha firmado licencias de prioridad para cuanto el Sahara sea libre y eso, según el ponente, podría acarrear consecuencias jurídicas como las que ha tenido Marruecos por la explotación de recursos naturales del Sahara Occidental.

Al final, en todo este entramado político tan complejo, lo cierto es que en estas jornadas se evidenció la necesidad de atender con inmediatez los Derechos Humanos al margen de la pelea política en pos de un futuro restablecimiento del proceso de negociación diplomática. El pueblo saharaui, el marroquí, el español, el argelino y la comunidad internacional deben exigir a Marruecos y al Frente Polisario que se pongan ya unas gafas para corregir esa miopía social que les desenfoca realidades que hacen sufrir a las personas y que, mientras debaten una solución futurible haciendo demagogia y tergiversaciones, tienen la obligación de erradicar las prácticas abusivas y discriminatorias que violan los Derechos Humanos, tanto en el Sahara Occidental, como en ciudades marroquíes donde hay gran activismo independentista y en los campamentos de refugiados saharauis.

La práctica y no el discurso es lo que hace que el orden social emerja con una perspectiva constructiva, innovadora y moderna, en la que se le de valor a la información y al conocimiento para permitir una dinámica social participativa que aliente la solución. Pero, además de miopes, es que ninguna de las partes escucha. Cada una de las acusaciones vertidas por unos y otros en este foro, deberían servir a Marruecos y al Frente Polisario para hacer sus respectivas autocríticas y mejorar las situaciones denunciadas para que se garantice el mayor bienestar para los pueblos, no para los dirigentes políticos. Cualquier muestra de interés por corregir su «miopía sorda» sería bienvenida, especialmente si ésta abarca a las partes en iniciativas conjuntas, como sería la petición de que Marruecos firme el Tratado de Prohibición de Minas y la Convención de Municiones en Racimo, para desmilitarizar el muro y emprender una potente y decidida acción contra las minas, que están costando ya demasiadas vidas indiscriminadamente.

Es, por tanto, esa miopía sorda la que impide ver que, mientras se mantiene esta falta de voluntad política de alcanzar una solución, los Derechos Humanos se han convertido en balas de animadversión de unos contra otros. Cuánta impotencia…

VELAS DE ESPERANZA

22 Jun
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© Mystic

Hace 12 años, el día que mi hijo cumplía 6, se nos alborotó la vida y su fiesta no podía celebrarse. Le recuerdo como si lo viera… Yo estaba embarazada de casi 7 meses y le encontré tumbado boca abajo en el suelo de nuestra diminuta cocina, solo, cubriéndose con sus manitas la cara y quitándose las lágrimas para poder mirarme. Me agaché y él se abalanzó sobre mí para abrazarme y preguntarme por qué nadie podía ir a su fiesta, que si eso significaba que nadie le quería… Hasta aquel día, siempre pensé que el cumpleaños de los hijos era más ilusión para nosotros, los padres, que quisiéramos darles la Luna para demostrarles que son lo más grande que tenemos, un pedacito de nosotros, el milagro de la vida que a veces nos la da y, a veces, nos la quita. Pero aquella tarde, descubrí que un niño lo ve de otro modo, es su día, ese en que es capaz de medir cuán importante es en la vida de otras personas que le quieren y que, una vez al año, se lo demuestran de un modo muy especial, haciéndole protagonista y volcando en él los mejores deseos en su caminar. Entendí entonces que las velas de cumpleaños para un niño son un refuerzo de cariño, un estímulo para continuar creciendo y todo un arsenal de autoestima y confianza tan necesaria como vital.

Ahora, cuando su próximo cumpleaños será el de su mayoría de edad, convertido ya en un hombre que me saca la cabeza y me llena el alma de orgullo, me pregunto si le dije suficientes veces cuánto le quiero, si alguna vez sintió que por él daría mi vida sin pensarlo y que, sin él, mi existencia no tendría mayor sentido… Tampoco sin mi hija, que la miro y le ruego a la vida más tiempo, que pasa deprisa y en un suspiro, creció, como hemos crecido todos cumpliendo año tras año objetivos, celebrando onomásticas y repartiendo y recibiendo más en ese día siempre especial. Es por eso que hoy me dio por pensar cuántas cosas hacemos mal sin saberlo, sin pretenderlo…

Es día 23 de junio y Maloma cumple 23 años. Hace unos días, Hurria cumplió 21, el 27 de abril Darya los 27 y el 15 de ese mismo mes, Koria los 23. Todas ellas crecieron en España celebrando cumpleaños rodeadas de familiares y amigos, soplando velas y recibiendo regalos y parabienes. Fiestas de cumpleaños para niños y niñas saharauis, a las que yo misma he asistido organizadas por la asociación y que, incluso, celebré con Fatimetu un 28 de agosto en Madrid. Ahora, ni Maloma ni ninguna puede celebrarlo y no sólo porque están privadas de libertad, sino porque en los campamentos de refugiados saharauis los cumpleaños no se festejan, porque en el Islam no se celebra el aniversario del nacimiento. Es una más de tantas diferencias culturales que hay entre nosotros. Sin querer, por no saber, esas mujeres crecieron desde niñas implicadas en una sociedad en la que detalles como éste nos pasan desapercibidos, porque es algo absolutamente normal, y ahora, cuando llega su día especial estando allí retenidas contra su voluntad, echan la vista atrás y es imposible no recordar tantos años acumulando momentos vividos y compartidos…

Luchamos a brazo partido por su libertad y porque Maloma y todas las mujeres saharauis retenidas contra su voluntad en los campamentos de Tinduf recuperen sus derechos, para que puedan elegir libremente el camino por donde quieren que discurran sus vidas. Hoy mi mente se va a la silla de la cocina donde se sienta Mari Carmen cada día en su desesperación. La miro desde lejos como cuando la tengo frente a mí y sus ojos me sumergen en su profunda tristeza, en un dolor interno difícilmente entendible. Maloma, su hija adoptiva, una niña que se hizo mujer a su lado, cumplirá los años sola, muy lejos de donde quiere estar, con el corazón dividido y su destino impuesto en manos de un hermano convertido en su dueño y señor por un derecho derivado de convicciones que violan sus Derechos Humanos y sus libertades. Mirando a Mari Carmen, se me van borrando uno a uno todos los pensamientos que quizá pudieran consolarla en alguna medida, porque sé que sólo un abrazo de Maloma le devolvería el latido del motor parado de su corazón, que ya no siente más que impotencia.

La miro, pero no me arrastra. Al contrario, enciende la mecha que prende las ganas de no sucumbir en esta lucha, porque pienso en Maloma, que es la que peor está y quien merece todo nuestro esfuerzo, toda nuestra fuerza y el mayor de nuestros empeños para conseguir su libertad, a pesar de la intransigencia de su familia biológica y de su tribu, de la negación de la evidencia por parte del Gobierno saharaui y de las mentiras que vierten los interesados en ocultar una realidad que existe y que amparan la retención de mujeres contra su voluntad en los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf.

Para Maloma, los días pasan muy lentos. Uno, dos, tres… Una cuenta que alcanza los ciento noventa y dos días. Seis meses y 11 días desde que fue secuestrada. Una eternidad. Hoy que es día 23 y que cumple los 23, no podremos impedir que se sienta como se sintió aquél día mi hijo, ni que el desierto se le haga infinito, ni que les crea cuando le dicen que nos cansamos y la olvidamos, ni que su mente la remonte con añoranza a otros tiempos, pero sí podemos elevar la voz por ella, que el silencio impuesto por respeto a una negociación en curso no nos impida seguir defendiendo sus derechos y abogar por su inmediata liberación y repatriación a España.

Hoy tampoco estás sola, Maloma. No estés triste, quizá no haya velas de cumpleaños, pero sí de esperanza, porque tú volverás, ojalá.